En las ciudades latinoamericanas, una vista común es la densa red de cables que cruza el cielo urbano, enredándose entre postes, fachadas y árboles. Estos cables eléctricos, de telecomunicaciones, de internet y televisión, conviven y se superponen, formando una de las formas más evidentes de contaminación urbana.

Si bien estos cables son esenciales para nuestra vida cotidiana, rara vez se habla de ellos como un problema estructural. Se perciben como una molestia estética, pero no como un síntoma de la forma desordenada en que se ha construido la infraestructura tecnológica en nuestras ciudades.

La acumulación de cableado aéreo no es un accidente, sino el resultado de décadas de expansión urbana rápida, privatización de servicios y escasa coordinación entre actores. Cada empresa instala su red, muchas veces sobre la misma infraestructura, sin retirar lo que ya no sirve.