En un mundo en constante cambio, es fundamental recordar que nuestro potencial creativo es inmenso y que ningún progreso puede subsistir sin un sentido natural y humanitario. Es hora de luchar contra los espíritus contaminantes y devolvernos la hermosura de nuestros andares. La transformación no debe ser violenta ni mundana, sino mística y pacífica. No se trata de beneficiarse ni de dominar, sino de amarse a sí mismos y a los demás para poder amar y respetar lo que nos rodea. Es hora de repensar…