El Diario de San Antonio Hoy casi ninguna institución se declara contraria a la inclusión. Hospitales, universidades, escuelas y organismos públicos la incorporan en protocolos, campañas y declaraciones. Todos parecen estar de acuerdo con ella. Por eso debemos desconfiar. Cuando una palabra se repite sin obligar a transformar prácticas, pierde su potencia crítica y se convierte en una fórmula correcta. A eso podríamos llamar la banalidad de la inclusión: no porque incluir sea banal, sino…