La ciudad de San Antonio está sumida en una atmósfera de decepción y tristeza, donde la individualidad parece prevalecer sobre el bien común. Los ciudadanos se sienten empobrecidos por la avaricia y la codicia, lo que les impide encontrar regocijo y satisfacción en la vida.

Para cambiar esta situación, es necesario que los ciudadanos se conecten entre sí y con la naturaleza, y que se sientan parte de un todo más grande. La desconfianza y la falta de esperanza son obstáculos que deben ser superados para lograr un futuro mejor.