La reciente reducción de la jornada laboral a 42 horas semanales en Chile es un avance significativo que busca privilegiar la vida en familia, el autocuidado y el tiempo libre. Este cambio, que se enmarca en el camino hacia las 40 horas en 2028, supone una disminución de 5 horas semanales respecto al límite original de 45 horas.
Sin embargo, la verdadera calidad de este avance no está solo en el reloj del lugar de trabajo, sino en cómo se articula con el resto de la jornada vital: el desplazamiento, el espacio público y la forma en que se organiza el tiempo entre el trabajo y el hogar. En Chile, uno de los puntos más delicados es el de los desplazamientos, que pueden acumular hasta 17 días al año entre el hogar y el lugar de trabajo para muchos santiaguinos.